El mérito de los intelectuales
suele adjudicarse a lo innovador de sus ideas. El de Betinho
estuvo en su capacidad de decir lo obvio. Era obvio que
la Presidencia de Fernando Collor de Mello había sumergido
a Brasil en el fango de la corrupción, pero hacía falta
una voz que lo dijera y que convocara a la movilización
ciudadana. Que Brasil, la octava economía del mundo, es
también la sociedad más desigual del planeta es un dato
que se encuentra en cualquier informe estadístico de los
que año a año elaboran los organismos internacionales. Pero
hacía falta una voz que dijera que tal situación no sólo
es políticamente insostenible a largo plazo y económicamente
un freno en cualquier sistema, sino además éticamente inadmisible.
En vez de recurrir a la tradicional búsqueda de responsables
y demandar de otros la solución, Betinho se dirigió a la
ciudadanía con la parábola del colibrí: El bosque está en
llamas y mientras todos los animales huyen para salvar su
pellejo, un picaflor recoge una y otra vez agua del río
para verterla sobre el fuego. "Es que acaso crees que con
ese pico pequeño vas a apagar el incendio?", le pregunta
el león. "Yo sé que no puedo sólo, responde el pajarito,
pero estoy haciendo mi parte".
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| Marizilda Gruppe por Agencia Globo |
La Acción de la Ciudadanía
contra la Miseria y por la Vida, conocida por todos como
la "campaña del hambre" o también (sin la autorización de
su inspirador) como la "campaña de Betinho", convocó a cada
ciudadano a hacer su parte, identificar en su vecindad a
los pobres y concurrir a ayudarlos. Cada uno de los 32 millones
de hambrientos tiene un rostro y alguien que lo conoce.
No hace falta pedir permiso ni instrucciones a nadie para
ayudarlo.
En pocos meses, un país que
sólo parecía sensibilizado por la discusión sobre cómo implantar
la pena de muerte para frenar la criminalidad creciente
pasó a movilizarse en una enorme cruzada solidaria. Algunos
grupos de parroquia, de vecinos, sindicales o de rotarios
llegaron hasta las favelas con camiones de donativos y se
encontraron para su sopresa que los beneficiarios habían
organizado sus propios grupos de campaña para ayudar a otros
más pobres que ellos.
Un modelo de acción tan innovador,
sin jerarquía o institucionalidad resultaba imposible de
evaluar. La campaña recurrió a empresas de opinión pública
y descubrió que eran millones quienes declaraban ser "parte"
de ella. El 60 por ciento de la población dijo conocer la
iniciativa pero, lo más sorprendente, ¡90 por ciento decía
apoyarla! El poder de lo obvio. Todo el mundo sabía que
algo así debía hacerse.
La cercanía de la muerte
¿Cómo llegó Betinho a tener
esa capacidad de convocatoria? La biografía política y la
vida personal de Herbet de Souza son inseparables. Su amor
a la vida tal vez fuera el resultado de su permanente convivencia
con la enfermedad y la cercanía de la muerte.
Betinho nació en Bocaiuva,
un pueblo del interior de Minas Gerais, reducto del catolicismo
y el conservadurismo brasileños. Al igual que todos sus
hermanos varones heredó la hemofilia, enfermedad que impide
que la sangre se coagule y que lo obligó a una infancia
de reclusión y padecimiento. Contrajo tuberculosis en la
adolescencia y fue de los primeros pacientes en salvar su
vida gracias al descubrimiento de la penicilina. Una experiencia
le llevó décadas más tarde, cuando una de las frecuentes
transfusiones a las que debía someterse le contagiara el
VIH, a conceptualizar el sida como "una condición no una
condena".
Militante de las juventudes
estudiantiles católicas, Betinho era dirigente estudiantil
y asesor del gobierno de Joao Goulart cuando el golpe militar
de 1964. Acción Católica, luego convertida en Acción Popular
fue una de las primeras expresiones políticas de la naciente
Teología de la Liberación. Tras un breve primer exilio en
Uruguay, el "golpe en el golpe" de 1968 (un viraje derechista
inspirado en la doctrina de seguridad nacional) lo encuentra
en la clandestinidad en Brasil. Acción Popular se radicaliza
y adhiere al maoísmo.
La tesis según la cual los
dirigentes debían "proletarizarse" para poder ser revolucionarios
no era fácil de llevar a la práctica para Betinho, que nunca
llegó a pesar 50 kilos y a quien nadie quería contratar
como obrero. Después de vender baratijas en la puerta de
las fábricas consigue un empleo pintando cerámicas. Un día
se le ocurre una manera mejor de hacer la tarea. Se le plantea
al dilema: ¿si yo hago mi tarea más fácil y aumenta la productividad,
no estaré contribuyendo a aumentar la plusvalía del burgués
y la explotación de la clase obrera? Tal vez fuera esta
vivencia personal, más que el análisis de la muy desfavorable
correlación de fuerzas y la esterilidad de las estrategias
heroicas de la izquierda lo que impulsara a Betinho a tomar
el camino del exilio a Chile, reanudar sus estudios de sociología
en el marco de ese gran laboratorio de transformación social
que era el gobierno de Salvador Allende y, sobre todo, decidirse
a publicar una primera autocrítica, vinculando el análisis
político a su experiencia personal en la obra colectiva
Memorias del Exilio.
El afán por comprender las
fuerzas complejas que hacen la historia sin caer en dogmatismos
ya no lo abandonaría y sus críticas siempre estuvieron legitimadas
por la disposición a exponer los errores propios. En 1973,
nuevo exilio, esta vez en Glasgow y Toronto, donde termina
sus estudios y funda grupos de análisis de la realidad brasileña
y latinoamericana. Betinho es de los primeros en tomar las
empresas transnacionales como objeto de análisis, superando
la tendencia a atribuir a conspiraciones todos los males
latinoamericanos. En México, donde enseñó durante un año
en la UNAM, funda con otros intelectuales una revista, que
como tantas otras nunca llegó al tercer número. No importaba.
El primero alcanzó para poner por primera vez en el debate
de la izquierda el tema de la democracia. "Democracia sin
adjetivos", como solía decir Betinho, y a la que se concebía
como meta, como utopía u horizonte que debía guiar las propuestas
y no como mero instrumento.
Emblema de la amnistía
Sin jamás proponérselo, Betinho
se convirtió en México en emblema de la campaña brasileña
por la amnistía: su hermano Henfil, caricaturista de gran
popularidad burlaba por esa época a la censura escribiendo
semanalmente "cartas a mi mamá" en las que las entrelíneas
de las cotidianidades familiares aludían a los temas de
todos. Entre ellas la eterna pregunta de ¿cuándo vuelve
mi hermano? El retorno del hermano de Henfil, cantado por
la popularísima Elis Regina finalmente se produjo en 1979.
Betinho volvió para fundar
el Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicos
(IBASE) y poner al servicio de los movimientos sociales
su capacidad de análisis y la potencia de un nuevo instrumento:
las computadoras personales que posibilitaban a grupos pequeños
el acceso a herramientas que hasta entonces sólo podían
utilizar el Estado o las grandes empresas.
Todos los números seguían
diciendo que el problema de los pobres en Brasil era, como
antes, el problema de la tierra. Agravado ahora por el de
la pobreza urbana, el "capitalismo salvaje" y su saldo de
contaminación ambiental y desintegración social. Betinho
trabajó con los "nuevos actores": los niños de la calle,
el movimiento de mujeres, los negros, las comunidades de
base y los nuevos sindicatos. Sin perder su independencia
y su capacidad de criticarlos, como cuando condenó públicamente
una "huelga salvaje" de la salud que dejó morir pacientes
sin atención.
El sida
En 1984 lo diagnosticaron
como "seropositivo". Betinho fue el primer brasileño en
declarar públicamente: "tengo SIDA y voy a vivir con él".
Asumió el nuevo desafío y respondió como sabía, organizando
campañas que forzaron cambios en las políticas públicas
discriminatorias, e incluso osando criticar las de Cuba,
en una valiente carta pública a Fidel Castro. Betinho ideó
un video sobre "el día que se descubrió la cura del sida"
y actuó en él como el farmacéutico que vende a un portador
de VIH sus pastillas cotidianas. La idea no era sembrar
ilusiones sobre terapias milagrosas, sino demostrar que,
igual que la diabetes u otros padecimientos crónicos, el
sida es una condición con la que la gente vive y no un estigma,
la lepra moderna. Horrorizado con los padecimientos que
rodearon la muerte de sus dos hermanos, Betinho osó desafiar
incluso a sus aliados y amigos católicos y defendió públicamente
la eutanasia.
"Tierra y democracia"
Cuando Brasil se preparaba
para albergar la Cumbre de la Tierra en 1992, Betinho sintetizó
en el lema de "tierra y democracia" el vínculo entre lo
ambiental lo social y lo político, movilizando cantantes
populares, artistas plásticos, gente de teatro y cine en
campañas de insólito impacto para un país en el que se creía
que la "reforma agraria" era una bandera olvidada salvo
para un puñado de viejos izquierdistas nostálgicos.
El movimiento por tierra
y democracia dio origen al de ética en la política y éste
a la campaña contra el hambre. Un vendaval de energías sociales
desatadas por una persona de salud cada vez más precaria.
El presidente Itamar Franco lo postula al premio Nobel de
la Paz cuando estalla la bomba: el nombre de Betinho apareció
en una lista capturada por la policía entre políticos y
periodistas que habían recibido dinero del "jogo do bicho",
la popular quiniela clandestina controlada por la mafia
carioca. Mientras los políticos se callaban a la espera
de que "se asiente la polvareda", Betinho salió a la televisión
a reconocer que sí había recibido 50.000 dólares de donación
para la Asociación Brasileña de Iniciativas contra el Sida
que él presidía y que no hubiera sobrevivido sin esa contribución.
"No estoy por encima del bien y del mal", admitió. "Reconozco
que debí haber consultado la decisión de recibir o no ese
dinero".
El premio Nobel fue a otras
manos. El pueblo de Río le rindió su propio homenaje a través
de una escola do samba que cantó su vida como la de un "moderno
Don Quijote" y lo paseó rodeado de bailarinas por la avenida
del carnaval.
Betinho no había terminado
de descansar del carnaval cuando comenzó a lanzar nuevas
iniciativas. No alcanza con paliar el hambre. Hay que generar
empleos. Las empresas, públicas o privadas, no sólo tienen
que rendir cuentas a sus accionistas. Como parte de la sociedad
que son deben publicar un "balance social". Gazeta Mercantil,
el principal diario empresarial del país, y varias asociaciones
industriales y cámaras empresariales adhirieron a la iniciativa.
Cuando llegaron las nuevas
terapias contra el sida, Betinho ya llevaba 14 años de vivir
con esa condición, pero la esperanza de que éstos se prolongaran
indefinidamente se frustró: una nueva falla en los bancos
de sangre lo volvió a contagiar, esta vez de hepatitis,
lo que obligó a suspender la aplicación del "triple cóctel".
Murió en su casa, como había querido, rodeado de su familia
y los amigos que continúan su lucha. En su homenaje. Y porque
su lucha no era en el fondo más que la lucha por la vida.
La que merece ser vivida. Nada menos.